Tenía muy mal carácter, no era nada paciente y perdía los nervios con facilidad. Un día su padre, cansado de su actitud, le dio una bolsa de clavos y un martillo y le dijo que cada vez que perdiera la paciencia con alguien, debería clavar un clavo en la puerta de su casa.
El primer día, cuando llegó la noche, el muchacho clavó 37 clavos tras la puerta.
Al siguiente día, el número de clavos descendió a 29.
Cada día que pasaba el número de clavos era menor. El chico fue comprendiendo que era mayor el esfuerzo de clavar clavos que el de aguantarse y controlar su genio.
Pasaron semanas y llegó el día en el que el chico no había clavado ni un clavo tras la puerta. Corriendo fue a comentárselo a su padre, el cual le dijo que a partir de ese día, por cada día que pasara sin clavar clavos quitase uno de los que ya había puesto.
Al cabo de unos meses pudo quitar el último clavo y volvió a decírselo a su padre. Éste lo llevó ante la puerta y le dijo: "Has trabajado duro, hijo mío, pero mira todos los hoyos de la puerta. Nunca más será la misma. Cada vez que tú pierdes la paciencia, dejas cicatrices exactamente como las que aquí ves"
Puedes insultar a alguien y retirar lo dicho, pero el modo como se lo hayas dicho le destrozará, y esa es una cicatriz que perdura para siempre.
"Una ofensa verbal es tan dañina y perjudicial como una ofensa física".
El primer día, cuando llegó la noche, el muchacho clavó 37 clavos tras la puerta.
Al siguiente día, el número de clavos descendió a 29.
Cada día que pasaba el número de clavos era menor. El chico fue comprendiendo que era mayor el esfuerzo de clavar clavos que el de aguantarse y controlar su genio.
Pasaron semanas y llegó el día en el que el chico no había clavado ni un clavo tras la puerta. Corriendo fue a comentárselo a su padre, el cual le dijo que a partir de ese día, por cada día que pasara sin clavar clavos quitase uno de los que ya había puesto.
Al cabo de unos meses pudo quitar el último clavo y volvió a decírselo a su padre. Éste lo llevó ante la puerta y le dijo: "Has trabajado duro, hijo mío, pero mira todos los hoyos de la puerta. Nunca más será la misma. Cada vez que tú pierdes la paciencia, dejas cicatrices exactamente como las que aquí ves"
Puedes insultar a alguien y retirar lo dicho, pero el modo como se lo hayas dicho le destrozará, y esa es una cicatriz que perdura para siempre.
"Una ofensa verbal es tan dañina y perjudicial como una ofensa física".

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