domingo, 18 de abril de 2010

La imaginaria muerte de Alicia Liddell


La muerte caminaba hacia la casa en la que la señorita Alicia Liddell pasaba el invierno. La joven estaba enferma de melancolía desde hacía tiempo, no había superado aquellos desengaños de la juventud y añoraba con fuerza los felices días de su infancia. Una tristeza crónica se había instalado en el cuerpo de Alicia y la Muerte no tardó demasiado en enterarse de ello. Con puntualidad británica y vestida de un negro absoluto, entró la Muerte en la habitación de la chica a las 5 de la tarde. Se acercó a ella despacio y antes de presentarse enmudeció. Se quedó sin respiración, sin palabras, la señorita Alicia Liddell era sin duda la chica más bella que había visto desde la primera muerte en el mundo. Miles de años trabajando en quitar vidas a toda clase de personas, entre ellas, bellísimas modelos de renombre, pero nunca ante nadie sintió semejante sensación de duda. Aquellos ojos oscuros y eléctricos le recordaron a las noches de verano cuando solo era una aprendiz. La muchacha tenía un cierto parecido a su madre o incluso a su primer amor, a quien también tuvo que arrebatar la vida cumpliendo su trabajo. Es usted la belleza que cualquier artista persigue, la sencillez exacta, la utopía de la perfección. Ante aquella mezcla de dudas y recuerdos la Muerte no supo hacer otra cosa que llorar durante casi una hora delante de la enferma. Durante casi una hora nadie murió en el mundo.


Carlos Sadness

1 comentario:

  1. Gran texto!!

    La máxima belleza de una chica no es la que inspira batallas épicas, ni la que hace correr rios de tinta en textos, tampoco aquella que es deseada por todos. La máxima belleza la tiene aquella cica que logra detener ("por casi una hora") a la muerte...

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